Primer Paso (I)
“Admitimos que éramos impotentes ante nuestra adicción, que nuestra vida se había vuelto ingobernable.”
Durante el Umbral y la semana de introducción, aprendimos que la enfermedad de la adicción se manifiesta física, mental y espiritualmente:
Físicamente: compulsión/alergia
Mentalmente: obsesión
Espiritualmente: vacío
¿Cómo podemos saber cuándo nuestra enfermedad está activa? Cuando estamos atrapados/as en rutinas obsesivas, compulsivas, egocéntricas y círculos interminables que solo nos llevan al deterioro físico, mental, espiritual y emocional.
El objetivo de esta sesión es reflexionar sobre dos aspectos fundamentales del paso: la impotencia y la ingobernabilidad.
Por un lado, la falta de poder: ese momento en que reconocemos que la fuerza de voluntad, las promesas, el autocontrol o los intentos de manejar nuestra conducta ya no fueron suficientes. El Primer Paso nos invita a mirar honestamente cómo hemos intentado controlar nuestra adicción, nuestras obsesiones o a otras personas, y cómo esos intentos terminaron agotándonos.
Por otro lado, exploraremos la ingobernabilidad, no solo en sus manifestaciones externas —conflictos, desgaste, aislamiento, impulsividad o caos en distintas áreas de la vida—, sino también en su dimensión interna: ansiedad, obsesión mental, miedo, resentimiento, hipervigilancia, vacío o dificultad para vivir en paz con nosotros mismos.
El egocentrismo, como síntoma espiritual de la enfermedad, suele surgir de ese vacío interior. Al sentirnos desconectados/as o incapaces de encontrar paz dentro de nosotros/as mismos/as, comenzamos a buscar alivio afuera: en personas, sustancias, conductas, control o validación. Poco a poco, nuestra atención queda atrapada en nosotros/as mismos/as: lo que necesitamos, lo que tememos, lo que nos falta o aquello que creemos que debería ocurrir para sentirnos bien.
Así, el vacío alimenta la autoobsesión, y la autoobsesión nos empuja nuevamente hacia la obsesión y la compulsión. La enfermedad encuentra entonces nuevas formas de justificarse y repetirse una y otra vez, reforzando el mismo ciclo de sufrimiento.
El Primer Paso no nos invita primero a cambiar nuestra conducta ingobernable, sino a reconocerla honestamente. A lo largo de estas semanas revisaremos textos que nos ayuden a comprender estas experiencias desde la literatura del programa y desde nuestra propia vivencia.
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Una obsesión es cualquier cosa que se sobreponga a todas las demás ideas y es tan poderosa que puede hacerte creer cosas que no son verdad.
Algunas personas están obsesionadas por comer ciertos alimentos. Cuando algunas personas que tienen obsesión por la comida comen un pedazo de chocolate, éste puede disparar una reacción en sus cuerpos, en la misma forma en que el alcohol dispara una alergia en los alcohólicos. Una vez que los comedores compulsivos comienzan a comer, no pueden parar y comen compulsivamente, así como los alcohólicos agarran una borrachera.
Luego salen de su compulsión sintiendo remordimiento, con una firme resolución de nunca volverlo a hacer - al igual que los alcohólicos. No es sorprendente que, al poco tiempo, comienzan a sentirse inquietos, irritables y descontentos.
Comienzan a sentirse mejor y empiezan a recordar esa sensación placentera inicial que obtienen al comer chocolate o cualquiera de sus alimentos preferidos. El próximo paso es que sus mentes los han convencido de que pueden comerlos sin peligro. Por lo tanto, comen algunos chocolates y esto, a su vez, dispara su deseo imperioso físico, por lo que no pueden parar. Sus vidas se convierten en un infierno, así como les sucede a los alcohólicos. Su obsesión empieza a destruir sus vidas, así como las vidas de todas las personas que los rodean.
Todo esto sucede, no solo porque tienen una reacción física al comer ciertos alimentos, sino porque tienen una obsesión mental de comerlos.
Existe otra comunidad, llamada Comedores Compulsivos Anónimos, que utiliza el programa de Doce Pasos para ayudar a la gente a sobreponerse a sus obsesiones por ciertos alimentos.
Asimismo, existe una comunidad de personas que están obsesionadas con los juegos de azar, llamada Jugadores Compulsivos Anónimos. Utiliza el programa de Doce Pasos para ayudar a sobreponerse, no a un problema físico, sino a una obsesión por los juegos de azar. Hemos conocido a algunos jugadores obsesivos y sus vidas son exactamente como las vidas de los alcohólicos que aún están bebiendo. Juegan compulsivamente y pierden todo su dinero; luego sienten remordimiento y juran nunca volver a apostar.
Pero tarde o temprano, comienzan a sentirse inquietos, irritables y descontentos. Surge su obsesión y sus mentes les convencen de que pueden hacer una apuesta de tan solo de dos dólares. Por supuesto, al poco tiempo no pueden parar y se ven envueltos dentro del ciclo una y otra vez. Su obsesión comienza a destruir sus vidas y las vidas de quienes los rodean.
Existe otro grupo de personas que están obsesionadas por lograr que otras personas dejen de beber. Es exactamente como la obsesión que tienen los alcohólicos, los jugadores compulsivos y los comedores compulsivos. Estas personas harán cualquier cosa por lograr que otras dejen de beber. Los meterán a la cárcel. Los amenazarán con el divorcio. Les quitarán las llaves de sus automóviles. Echarán de sus casas a las personas que beben, pondrán su ropa en el patio y luego dejarán que regresen a medianoche. Harán lo que sea para evitar que otra persona beba.
Durante este proceso destruyen sus propias vidas así como las de todos quienes les rodean. Su obsesión hace que sus vidas se conviertan en un infierno. Finalmente, juran dejar de tratar del lograr que otras personas paren de beber. Durante algún tiempo dejan de corretear a esas personas, pero tarde o temprano se sienten inquietos, irritables y descontentos.
Sus mentes comienzan a buscar la forma de sentirse cómodos de nuevo y surge su obsesión de nuevo. Son exactamente como los alcohólicos.
En pocas palabras: Todas las obsesiones son similares. No es importante el hecho que seamos alérgicos al alcohol. Lo importante es que tenemos una obsesión dentro de nuestra mente y, sea cual fuere esa obsesión, la única manera de recuperarse es por medio de la mente misma. Eso implica encontrar una forma de vivir sin beber, o apostar, o comer compulsivamente, o lo que sea. Ese es el verdadero problema, no sólo de los alcohólicos, sino de la mayor parte de la raza humana en la actualidad.
* Extracto de Un Programa para Tí de Hazelden. Capítulo Cinco. La naturaleza de la obsesión. Todas las obsesiones son similares
Literatura de referencia:La opinión del médico. Alcohólicos Anónimos | Haz click aquí para ir a la lectura
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Además de la obsesión y la compulsión, nuestra enfermedad también tiene un síntoma espiritual: el egocentrismo. Muchas veces se manifiesta como una sensación persistente de vacío, una incomodidad interior que intentamos llenar a través de personas, conductas, sustancias, reconocimiento, control o validación.
Desde la autoobsesión, vivimos atrapados en nuestras necesidades, miedos y expectativas. Esperamos que algo afuera finalmente nos complete, nos calme o nos dé seguridad. Pero cuando las personas, los resultados o las circunstancias no logran llenar ese vacío, solemos reaccionar con resentimiento, frustración, ansiedad o miedo.
Ese malestar interno suele convertirse en una justificación para volver a consumir: regresar a una sustancia, una persona, una fantasía, una dinámica o una conducta compulsiva con la esperanza de sentir alivio, control o plenitud. Así se refuerza el ciclo de obsesión y compulsión, y terminamos buscando afuera una solución que es completamente espiritual.
Algunos textos de referencia:El triángulo de la autoobsesión. Narcóticos Anónimos. Haz click aquí para leer el texto
Nuestro dilema espiritual. Codependientes Anónimos. Haz click aquí para adquirir el texto
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Somos impotentes cuando la fuerza que impulsa nuestra vida está fuera de control.
La adicción, sin duda, puede ser considerada como una fuerza impulsora e incontrolable. No podemos moderar ni controlar el consumo de sustancias ni otros comportamientos compulsivos, aunque eso implique perder las cosas que más nos importan. No podemos parar, aunque la consecuencia de continuar sea, con toda certeza, un daño irreparable. Nos sorprendemos haciendo cosas que jamás habríamos hecho de no ser por la adicción, cosas que nos hacen estremecer de vergüenza cuando nos acordamos.
Quizás hasta decidamos que no queremos llevar a cabo la conducta, que no lo haremos por ningún motivo, y entonces, veamos que, si se presenta la oportunidad, sencillamente somos incapaces de parar.
Es posible que hayamos intentado abstenernos durante algún tiempo sin un programa (tal vez con cierto éxito), sólo para acabar descubriendo que la adicción sin tratar nos lleva otra vez al punto de partida. Para trabajar el Primer Paso, debemos demostrarnos nuestra propia impotencia en un nivel profundo.
*Extracto del apartado Impotencia de la Guía para Trabajar los Pasos de Narcóticos Anónimos.¿Ante qué soy impotente?
Para cuando llegamos a este Paso estamos listos para rendirnos y derrotarnos. Otros tienen que luchar para aceptar esta impotencia.
Amo este Paso. Pero odio no poder controlar. Odio ser vulnerable e indefensa. No me gusta sentirme incómoda o padecer dolor emocional. Me enferma tener que soltar y rendirme. Pero mi amorío con este Paso me llega cuando tengo que admitir la verdad: soy impotente sobre mucho de lo que sucede en la vida y cuando trato de tener poder donde no lo tengo, me vuelvo loca.
No puedo controlar a otros, no importa cuánto quiero hacerlo, no importa cuánto creo saber qué es lo mejor para ellos.
No puedo controlar lo que otros hacen, piensan, sienten, o si escogen relacionarse conmigo, o si escogen crecer y cambiar o cómo y cuándo escogen recuperarse de sus adicciones.
A veces no puedo controlarme a mí misma. Soy impotente sobre la remesa de sentimientos y creencias negativas que he acumulado. Soy impotente sobre mis adicciones y las de otras personas, incluyendo las adicciones al sufrimiento y al alcohol.
No puedo controlar a mis hijos ni a los hijos de otros. Soy impotente sobre los resultados, la vida, las circunstancias, los eventos. No puedo controlar el curso de las relaciones. No puedo controlar el curso de los eventos. No puedo controlar la habilidad para escoger el momento oportuno.
Dios, cómo quisiera poder controlar la habilidad para escoger el momento oportuno. Pero, no puedo. Cuando intento controlarme a mí misma, reprimiendo rígidamente mis pensamientos y sentimientos, me pierdo a mi misma. Me hundo cada vez más en el pozo de mı misma y enel miasma de la codependencia.
Cuando intento controlar a otras personas, las enloquezco y me enloquezco. Cuando trato de controlar las adicciones, las adicciones me controlan a mi. Cuando intento controlar lo que otros piensan de mi, me convierto en su títere.
Controlar me enloquece a mi y a otros. Me pone bajo el control de lo mismo que intento controlar. Me pierdo a mi misma. Pierdo contacto conmigo misma. Y los demás se enfurecen conmigo, y se retiran.
Cuando trato de controlar las situaciones y circunstancias, yergo barreras a la progresión de los eventos. Cuando invierto tiempo y energía intentando ejercer poder donde carezco de ello, pierdo la habilidad de vivir mi propia vida.
Somos impotentes ante mucho más de lo que se nos enseñó La aceptación de esto significa que estamos libres para ser dueños de nuestro verdadero poder en la vida, que también es mucho más de lo que se nos enseñó. Tenemos el poder de pensar, sentir, resolver problemas, marcar límites, definir y alcanzar metas, crear, sanar, cuidar y amarnos incondicionalmente y amar a los que nos rodean incondicionalmente.
¿Ante qué soy impotente? Ante casi todo lo que pretendo controlar.
*Extracto de Guía de los Doce Pasos para Codependientes de Melody Bettie.
Más literatura de referencia:Más acerca del alcoholismo. Alcohólicos Anónimos | Haz click aquí para ir a la lectura
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El Primer Paso nos pide que admitamos dos cosas: una, que somos impotentes ante nuestra adicción; y dos, que nuestra vida se ha vuelto ingobernable. En realidad, nos costaría mucho admitir una cosa sin la otra. La ingobernibilidad es la manifestación de la impotencia. Hay dos tipos generales de ingobernabilidad: una externa, que los demás perciben; y una interna o personal.
La ingobernabilidad externa suele identificarse por cosas tales como detenciones, pérdidas de trabajo y problemas familiares, por ejemplo.
La ingobernabilidad interior o personal suele manifestarse en sistemas de convicciones enfermizos o falsos sobre nosotros mismos, el mundo en que vivimos y las personas que nos rodean. Tal vez creamos que no valemos nada, o que el mundo gira alrededor de nosotros –no sólo que debería girar, sino que lo hace–. Quizás pensemos que ocuparnos de nosotros no es un asunto nuestro; que alguien debería hacerlo. O que las responsabilidades que asume una persona corriente como parte de la vida son una carga demasiado grande para nosotros. Puede que reaccionemos exageradamente o que casi no reaccionemos en absoluto ante los acontecimientos de la vida. La inestabilidad emocional suele ser uno de los indicadores más evidentes de la ingobernabilidad personal.
*Extracto del apartado Ingobernabilidad de la Guía para Trabajar los Pasos de Narcóticos Anónimos
La ingobernabilidad puede entrar en nuestra recuperación sin importar cuánto tiempo llevamos.
Sucede cada vez que tratamos de controlar algo que no podemos controlar. Sucede cuando dejamos que el miedo y el pánico nos dominen. Sucede cuando permitimos que las expectativas, demandas, agendas, problemas o adicciones de otros nos controlen.
Sucede cuando hacemos caso omiso de nuestra responsabilidad de cuidar de nosotros mismos con amor. Sucede cuando tratamos de ejercer poder donde carecemos de ello, y luego seguimos obsesionados con ejercerlo aunque vemos que no funciona. Cuando intentamos ejercer poder donde no lo tenemos, sacrificamos el verdadero poder que tenemos.
Nuestro verdadero poder está en pensar, sentir, tomar decisiones y vivir nuestra propia vida, y cuidar de nosotros mismos.
La ingobernabilidad entra cuando dejamos de ejercer nuestro verdadero poder, y comenzamos a creer que no tenemos opciones acerca de cómo queremos actuar independientemente de lo que haga o no haga la otra persona.
[…]
Esta ingobernabilidad puede ser externa, interna o ambas. Puede que nos enredemos tanto en las vidas y los asuntos de otros que perdamos el control de los asuntos externos de nuestra propia vida. La ingobernabilidad puede entrar sigilosamente a nuestras relaciones, a nuestra espiritualidad, salud, empleo, diversiones (si las tenemos), vida familiar, actividades comunitarias o finanzas.Nuestros asuntos internos – nuestros sentimientos, pensamientos y reacciones a otros y a nosotros mismos – pueden volverse ingobernables. La depresión, el miedo, la tristeza y un remolino de pensamientos caóticos pueden apoderarse de nosotros. O podemos involucrarnos a tal grado pensando en otros y preguntándonos qué siente el otro, que perdemos contacto con nosotros mismos, con nuestros pensamientos y sentimientos.
*Extracto de Guía de los Doce Pasos para Codependientes de Melody Bettie.
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Antes de empezar a trabajar este paso, debemos estar abstinentes, cueste lo que cueste. Si somos adictos a las sustancias psicoactivas o al alcohol, y nuestro primer paso consiste sobre todo en ver los efectos de la adicción a las sustancias en nuestra vida, tenemos que estar limpios.
Si llevamos un tiempo limpios o llegamos al Programa por otro tipo de conducta que hace que nuestra vida se vuelva ingobernable, tenemos que encontrar la forma de parar esa conducta para que nuestra rendición no se empañe con continuas acciones que la estropean.
Extracto adaptado del Primer Paso, Guía para Trabajar los pasos de Narcóticos Anónimos.Sugerencia: Si estás comenzando a abstenerte, ya sea de una sustancia, una relación, una conducta compulsiva o cualquier patrón adictivo, es importante recordar que el síndrome de abstinencia es real.
La incomodidad física, mental y emocional que aparece al dejar de consumir o actuar compulsivamente puede sentirse intensa, confusa e incluso desesperante.A muchos/as nos ha funcionado, antes de ceder a la compulsión o actuar el impulso, hacer una pausa, reproducir este audio guía sobre síndrome de abstinencia de Sex and Love Addicts Anonymous y llevar a cabo las sugerencias que propone.
Escucharlo puede ayudar a reconocer lo que estamos sintiendo, atravesar el momento con mayor conciencia y recordar que el malestar no es permanente.
Haz click aquí para reproducir la Guía del Síndrome de Abstinencia de SLAA. -
Sugerencia:
Sin importar qué compulsión te trajo a los 12 Pasos o cuánto tiempo lleves en el Programa, si hay algo que hoy está haciendo tu vida ingobernable, quizá es momento de rendirte ante la realidad de tu impotencia.Una sugerencia que a algunas personas nos ha funcionado es leer, en primera persona, el capítulo del Primer Paso de Alcohólicos Anónimos. Si tu adicción no es el alcohol, puedes sustituir la palabra por aquello ante lo que experimentas impotencia: una persona, la comida, el control, la procrastinación, la validación, la obsesión emocional, etc.
Primer Paso — Alcohólicos Anónimos
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Ejemplo:
¿A quién le agrada admitir la derrota total? A casi nadie, por supuesto. Todos MIS instintos naturales se rebelan contra la idea de la impotencia personal. Es verdaderamente horrible admitir que, con el control,he deformado mi mente hasta tener una obsesión por controlar tan destructiva que sólo un acto de la Providencia puede librarnos de ella.Algunas preguntas para reflexionar:
¿Qué significa para mí la enfermedad de la adicción?
¿Qué crisis me trae a la recuperación?
¿Últimamente ha estado activa mi enfermedad? ¿De qué manera?
¿He estado obsesionado con alguna persona, lugar o cosa? De ser así, ¿cómo ha interferido en mis relaciones con los demás? ¿De qué otra manera esta obsesión me ha afectado física, mental, espiritual y emocionalmente?
Describe el esquema determinado que sigue tu pensamiento cuando estás obsesionada/o con algo.
¿De qué manera la parte egocéntrica de mi enfermedad afecta mi vida y la de quienes me rodean?
¿Cómo me ha afectado física, mental, espiritual y emocionalmente mi enfermedad?
¿He dado razones convincentes pero falsas de mi comportamiento? ¿Cuáles?
¿De qué forma he culpado a los demás de mi comportamiento?
¿He pensado que ya tengo bastante información sobre la adicción y la recuperación como para controlar mi conducta y que no se me vaya de las manos?
¿Ante qué, exactamente, soy impotente?
¿De qué forma mi cambia mi personalidad cuando me dejo llevar por la adicción? (Ej. ¿Me vuelvo arrogante? ¿Egocéntrico? ¿Pasivo hasta el punto que no puedo ni protegerme? ¿Quejumbroso?)
¿Manipulo a otras personas para mantener mi adicción? ¿Cómo?
¿Qué cosas he hecho para mantener mi adicción que iban completamente en contra de mis valores y creencias?
¿Qué problemas laborales, familiares, relacionales, económicos y/o institucionales he tenido a causa de mi comportamiento adictivo?
¿Asumo la responsabilidad de mi vida y mis actos? ¿Puedo cumplir con mis responsabilidades diarias sin agobiarme? ¿Cómo ha afectado esto mi vida?
¿Insisto en que las cosas sean a mi antojo? ¿Qué efecto ha tenido esta insistencia sobre mis relaciones?
¿Me derrumbo cada vez que las cosas no salen como yo quiero? ¿Cómo ha afectado esto mi vida?