Memorias del Umbral

Durante las semanas de Umbral/Introducción abrimos un espacio para detenernos y observar lo que precede al inicio de un proceso de recuperación: las razones por las que estamos aquí, la relación real con nuestro problema y el lugar que ocupa la comunidad.

Las reflexiones que se presentan a continuación surgen de ese momento. No buscan ofrecer conclusiones ni respuestas definitivas, sino dar cuenta de distintos puntos del proceso: desde la duda y la resistencia, hasta la claridad y la disposición.

Este espacio reúne voces diversas que, en común, comparten un ejercicio de honestidad. En algunos casos, se nombran preguntas que siguen abiertas; en otros, aparecen pequeños desplazamientos en la forma de entender o habitar la experiencia.

Más que un cierre, este conjunto de textos funciona como registro del proceso en curso y como memoria de lo que implica atravesar un umbral: reconocer lo que ya no funciona y comenzar —aun sin certeza— a pertenecer.

  • Quiero compartir que yo vivo en un entorno donde no hay armonía, peleo mucho con mi esposo y soy muy controladora, no me daba cuenta; para mí era un estilo de vida. Quiero cambiar mi conducta, estoy harta de vivir así y necesito vivir diferente, dejar ser a los demás como son y yo vivir sin miedo, sin culpa.

    Gracias.

  • “Umbral es un punto.
    El punto donde lo que has venido haciendo ya no te sirve igual…
    pero lo nuevo todavía no aparece.”


    La primera vez que leí ese texto —hace unos meses— me hizo mucho sentido. ¿Cuántas veces no me había sentido así en la recuperación?

    Al llegar al Programa me dijeron “haz como que crees y terminarás creyendo”. Y creí en muchas cosas: en el grupo, en padrinos y madrinas, en mi interpretación de los principios, en métodos condensados, en la literatura, en los usos y costumbres dentro de las agrupaciones. Recuerdo distintos instantes —herramientas, cofraternidades, formas de hacer— en los que llegaba ese “click”. Qué alegría ver con claridad. Qué alivio sentir una solución.

    La segunda vez que leí el texto –la semana pasada– me hizo ruido. No porque dejara de hacer sentido, sino porque yo estaba tomada por esos temores de los que habla la literatura. Regresaba el vacío, mis métodos no eran suficientes y no quería reinventarme otra vez. Quería que las fórmulas siguieran funcionando.

    Hoy entiendo que estoy aquí, en gran parte, por ese terror a la incertidumbre, a quedarme quieta, a que nada pase. Por ese intento de atrapar en una jaula esos momentos de “click”, de hacerlos permanentes, de mantener el cuarto de Bill W. iluminado… Pero eso no es la vida tal cual es.

    Creo que los pasos son los mismos y la fórmula, en esencia, también. Pero hoy estoy aquí para permanecer.

    Para sostener la incertidumbre.
    Para atravesar el umbral de lo desconocido.
    Para reencontrarme en ustedes, en mí.

    Recuerdo a un padrino que decía: “La recuperación es de insistir, persistir y resistir”. Qué razón sigue teniendo al día de hoy.

    Porque quizá lo infalible no es el “click”, sino seguir regresando a los principios espirituales no porque me den alivio inmediato, si no porque se integran a mí.

    Quizá si me derroto ante la búsqueda incesante de llenar el vacío, si dejo de perseguir la experiencia perfecta y simplemente acepto este momento —así, abierto, incierto, incómodo—, tal vez pueda mantener la mente abierta para que, a través de ustedes, mi Poder Superior me conceda la gracia… no de que el “click” nunca se vaya, sino de que mi disciplina espiritual no esté condicionada al alivio o a la certeza, sino al compromiso con la integridad que me regala el Programa.

  • No es un taller.
    No es una clase.
    No es un espacio para entender.

    Esto es un umbral.

    Un umbral no es una experiencia,
    no es una técnica,
    no es una explicación.

    Es un punto.

    El punto donde lo que has venido haciendo ya no te sirve igual…
    pero lo nuevo todavía no aparece.

    No venimos a aprender.
    Venimos a soltar lo aprendido.

    No venimos a cambiar.
    Venimos a detenernos y a trascender.

    Antes del Primer Paso
    –antes de admitir,
    antes de creer–

    hay algo que casi nunca hacemos:
    quedarnos sin saber qué sigue…
    y no correr a llenar ese vacío.

    Eso es Umbral.

    En este punto puede aparecer incomodidad, silencio,
    ganas de hablar,
    ganas de entender,
    ganas de hacer algo.

    No hay nada que hacer con eso.
    No hay que arreglarlo.
    No hay que usarlo.

    Solo no interferir.

    Aquí nadie enseña
    Nadie interpreta
    Nadie rescata;

    Porque en este punto,
    cualquier intento de explicar
    puede ser otra forma de evadir.

    Umbral es una interrupción del habito.

    El hábito de reaccionar.
    El hábito de llenar.
    El hábito de controlar.

    No tienes que lograr nada aquí.
    No tienes que demostrar nada aqui.

    Si no sabes qué hacer…
    no hagas nada.

    Y si –por un momento–
    puedes quedarte ahí

    sin correr,
    sin resolver,
    sin explicarte…

    Algo empieza a ordenarse.

    No porque lo empujes,
    sino porque dejaste de interferir.

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